La transferencia tecnológica es un trabajo de traducción. Un equipo de investigación conoce su resultado como ningún otro equipo; una empresa conoce su operación y sus límites. Entre ambos hay un espacio que suele llenarse con supuestos. Nuestro papel es ordenar ese espacio: identificar qué se sabe, qué falta, quién decide y cómo se probará. Así el proyecto avanza con menos ruido y más criterio.
Trabajamos con una regla simple: cada conversación debe terminar en una decisión escrita, un responsable y una próxima fecha. Si una idea todavía no puede probarse, lo decimos. Si un acuerdo necesita más información, la pedimos. La claridad no frena el proyecto; lo protege de decisiones apresuradas.